Adiós...
miércoles, 27 de enero de 2010 (18:04)
Me mientes tan bien que me sabe a verdad. Además, me causas los problemas más grandes durante mi existencia en este planeta porque regresas y te vas sin dejar rastro. Apareces de tantas formas que ya no sé quién eres realmente. Cuando estás a mi lado, me haces tan feliz que apenas puedo recordar el sufrimiento que dejaste la última vez que te fuiste.
Te sentía tan cerca la primera vez que te tuve, pero luego me di cuenta de que estabas bien lejos. Me derrumbaste y nunca pude aceptar tu partida. Acepté que era tiempo de sobrepasarte y demostrarte que lo que habías hecho no iba a causar más daño en mí. Luche como las olas del mar y salí a flote.
En el momento que pensé que ya no te necesitaba decidiste regresar; y esta vez, para quedarte a mi lado. No te puedo negar que ha sido una experiencia tan maravillosa que me ha asombrado a través de este nuevo camino. Entonces, esta vez, llegaste de una forma más poderosa. Apareciste lleno de ilusiones, metas, sueños y con ganas de nunca dejarme ir.
Me extrañó muchísimo; ya que sé que para poder conseguirte hay que pasar a través de varias pruebas. Primero llegas lleno de muchos lujos, pero cuando descubres que eso no es lo que me interesa te molestas y te vas. Es mi culpa porque ofendí tu orgullo.
A veces llegas simplemente lleno de ironías que no se reflejan en el mundo real. Tratas de venderme una imagen que tal vez llenen a alguien en un mundo de apariencias, pero se alejan de las verdades que necesitamos aquellos que vivimos en el mundo real.
Lo peor del caso es que cuando ninguna de estas herramientas te funcionan, te vuelves un experto de máscaras y utilizas tu mejor utilería para convencerme.
Haces tú entrada con ese físico que sabes que me va a dejar sin aliento, que me va a hacer desearte mucho más, que me va ha hacer caer en la debilidad más grande que tenemos los seres humanos. Pero, algo hay que tener claro: que lo haces para obtener el mío. Se llama intercambio corporal. El problema es que realmente sé que no vas a estar ahí. Mientras me haces creer que eres tú el que me hace suyo, lo único que está presente es el deseo. Y una vez nos venimos, tú te vas.
Lo que realmente sucede es que el problema está en mí porque ya perdí la fe de tu existencia. Han sido muchas las veces que me has hecho creer que eres tú y realmente eres otro. No entiendo cómo puedes hacer esto cuando tú eres la base de todo.
Hoy he decidido no caer en tus manos otra vez; no hasta que esté bien seguro de que eres lo que quiero en mi vida, de que no me vas hacer sufrir, ni dudar. He decidido dejarte ir hasta que esté seguro de que por ti vale luchar y que tú sinceramente podrás llenar el vacío que queda.
No más lujos… no más engaños… no más sexo.
Ya no sufriré más por tu culpa… ya no lloraré más por el vacio que me dejas… ya no pensaré que sin ti dejaré de vivir.
Es hora de vivir a mi tiempo y no al tuyo. Es el momento de enseñarte a ti, sentimiento llamado Amor, que mi confidencia puede más que tus acciones. Este tiempo es mío y ahora a ti sólo te queda aprender.
Regresarás pronto a mi vida y espero que cuando nos encontremos de frente sea sencillamente un mundo de honestidad, sinceridad y afecto. Espero que sea simplemente nuestro espacio y que nada ni nadie lo pueda interceder. Tengo esperanza de que volveré a creer en ti, Amor. Mientras tanto, sólo nos queda sanar.
Te amaré eternamente,
La felicidad.
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